13 mayo 2014

Instalaciones en la Universidad de Monterrey

Eduardo González Gtz.

Seguramente muchos se habrán cuestionado en diversas ocasiones si se sienten cómodos estando en el campus.  Otros tal vez se pregunten si el hecho de permanecer en el campus por las tardes para hacer proyectos, estudiar y demás, viene de una obligación o de una conveniencia. La verdadera cuestión está en examinar: ¿Es la UDEM un espacio funcional de estudio? ¿Cuenta la UDEM con las instalaciones que faciliten nuestra absorción de conocimiento? Y más importante aun, si lo tuviéramos, ¿lo usaríamos?

Verdaderamente es de mucho interés saber cómo los espacios en los que nos encontramos trasmiten un sentimiento a nuestro interior. Por dar un ejemplo, intentar acomodar de treintaicinco a cuarenta personas en un salón de 25 ó 30 m2 emite un sentimiento de congestión y desesperación (esto sin tomar en cuenta, por supuesto, los banquillos amarillos en los que es imposible permanecer sentado cómodamente por más de veinte minutos).

En sentido funcional las críticas aumentan. En un salón de 35-40 personas, en una Universidad que dice promover la educación con apoyo tecnológico, ¿cómo es posible que sólo haya 4 conexiones de luz en los salones más equipados? Cabe mencionar que este problema lo vemos en todo el campus. Por ejemplo, la zona de lectura de la Biblioteca sólo ofrece luz para que 1 de cada 10 personas pueda permanecer conectada a sus dispositivos electrónicos.

Todo esto nos lleva a notar lo que es el problema más grande que tenemos, que es la sobre populación de alumnado en la Universidad de Monterrey. Caminan alrededor de 7 y 10 mil personas (entre estudiantes, maestros y personal), sin la posibilidad de caminar libre de obstáculos, sean éstos humanos o materiales. Numerosas han sido las veces que los estudiantes de arquitectura los físicamente o mentalmente discapacitados, tienen que rodear el pasillo de las aulas por la cantidad brutal y escandalosa de gente que permanece allí; sea por socialización o circulación. La triste realidad es, que la UDEM tiene más gente de la que puede albergar. Lógicamente, se espera que los directivos ya se hayan percatado de esta mala gestión y que tomen acción inmediata para solucionar esta problemática dentro de los próximos 5 ó 10 años.

Todo esto viene a la lamentable conclusión de que probablemente, no sea merecido el crecimiento y la inversión en nuestros espacios. Claro, el alumnado paga cantidades brutales para llevar sus clases, pero ¿realmente existe interés en crecer? Deambulamos por esta institución educacional como el típico estereotipado mexicano que no se interesa por el desarrollo comunal, salvo que se le esté atacando directamente. ¿Cómo pedimos crecimiento, si cuando se visita la Biblioteca, se ve más gente durmiendo y reposando que estudiando? ¿Cómo se pide inversión, si el estudiante piensa más en su vida social que en su vida estudiantil? (Cuando debería ser equilibrado). ¿Cómo esperamos un cambio, si no lo hacemos nosotros mismos? Comenzando con accionar en el estudio, y procedido por la insistencia en recibir lo que merecemos, el camino al desarrollo de este establecimiento debe de ser claro.

Eduardo González Gtz.    235859
ARQ. 2ndo Semestre
eddie93.glez@hotmail.com

 

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