09 May 2016

Valora tu vida

Gustavo Ayala

Gustavo Ayala

Un accidente automovilístico, ¿Qué tan propensos somos a esto? “Conozco a alguien a quien le pasó… le pasó a mi papá… un primo; un amigo… me pasó a mí, pero muy leve… no creo que me pase a mí, manejo muy bien…”.

La noche del sábado 9 de abril de 2016, me pasó a mí. Circulaba por el carril izquierdo de Av. Revolución después de un partido de los Rayados, venía de disfrutar el juego con mis mejores amigos, y conducíamos en carros diferentes hacia mi casa para cenar unos tacos. Los cinco nos distribuimos en 3 carros, yo venía conduciendo y uno de mis amigos de copiloto. A la altura de la gasera (de la cual no recuerdo el nombre) una camioneta roja invadió el carril de en medio, donde transitaba uno de mis amigos, por lo que frenó, derrapó y terminó sobre mi carril. Hice lo que pensé era correcto: frenar. Mi carro derrapó y se salió por el camellón, pasó por encima de una pirámide rectangular de concreto de alrededor de 40 cm, y me elevó del suelo a una velocidad de aproximadamente 70 km/h. El otro coche, el de mi amigo que manejaba solo, se encontraba detrás de mí. Él asegura que vio el chasis de mi coche, lo cual, a juzgar por la posición en la que cayó mi carro, significa que di una vuelta completa en el aire.

El carro quedó volcado sobre la puerta del copiloto, y nosotros colgados, sujetados por el cinturón de seguridad. Después de autoexaminarme, le pregunté a mi amigo si se encontraba bien, y este me respondió que sí. Me quitó el cinturón y yo salí, escalando por mi ventana, la cual estaba afortunadamente abierta. Cuando salí me encontré con una grata sorpresa: habían alrededor de quince personas (todas con la camiseta de los Rayados) afuera de mi automóvil, preguntando a gritos si nos encontrábamos bien. Me atraparon cuando salí del coche y lo mismo hicieron con mi amigo, para después voltear mi carro entre todos. Cabe mencionar que mi amigo y yo somos aficionados de los Tigres, comprendí entonces, y me parece importante destacar, que en una situación de emergencia, lo importante es que todos somos seres humanos. Aquí comienza mi reflexión.

Hay muchas variables relacionadas con mi accidente. La primera de ellas es la camioneta roja que nos cerró. Probablemente el conductor no tiene idea de todo lo que ocasionó, aunque también cabe la posibilidad de que sí se haya percatado de lo que hizo, y haya decidido ignorarlo. También están las personas que, sin conocerme, se detuvieron a ayudarme, pues retrasaron su llegada a sus respectivos destinos para ver cómo podían asistirnos. Entre palmadas en mi espalda, apretones de mano, consejos de qué hacer y felicitaciones por mi vida, se despidieron de mí. Estaré agradecido con ellos para siempre, aunque no tengo ni el recuerdo de sus rostros por la adrenalina del momento.

Un caso muy conmovedor para mí es el de un señor que estuvo con nosotros desde que voltearon mi coche, hasta que llegó la Cruz verde, Protección civil y Tránsito. Este señor traía consigo una lámpara de mano con la que alumbraba a los coches que venían por el carril izquierdo de la avenida para que no se impactaran con mi coche. Una vez que se acercaron las autoridades y los prestadores de servicios de emergencia, el señor nos dijo: “No sé si ustedes sean católicos, cristianos, ateos o qué, pero creo que deberíamos de hacer una oración”. Esto me calmó de sobremanera, aunque no pude terminar la oración pues tenía que hablar con el tránsito y los paramédicos. No lo volví a ver, pero mi mamá se refiere a él como un ángel.

Además de ellos, también está el agente de tránsito, quien se mostró muy accesible y con la disposición de ayudar. Me pidió que ingresara a la unidad para llenar una forma. Yo le cuestioné el por qué subirme, pues creía que subiéndome a la patrulla me iba a pasar algo malo, o me iban a detener o algo simliar. Le pregunté de manera discreta a uno de los jóvenes de protección civil si me aconsejaba hacerlo, me respondió que sí. Ya dentro de la unidad el tránsito se fue muy amable, me ayudó a llenar el documento, y me pidió que me tranquilizara.

Esperando a que llegara el ajustador del seguro, recibí insultos por parte de los conductores que pasaban a un lado del accidente, haciéndome sentir peor por la situación, aún cuando no fue mi culpa.

Por último destaco a las personas cercanas a mí. Mi papá, quien desde que le informé del accidente, se mostró comprensivo y me indicó loa pasos a seguir para solucionar el problema, pues era la primera vez que me encontraba en un accidente automovilístico. Llegó al lugar, me preguntó sobre lo acontecido, y me ayudó con lo que seguía en el proceso. Y mis amigos quienes se quedaron conmigo, se encargaron de marcar al seguro y a mi novia, mientras yo me ocupaba de otras cosas.

Tuve toda esta reflexión al actostarme en la noche, pues no podía dormir, y todos estos pensamientos aterrizaron en mi cabeza. Encuentro muchas conclusiones a partir de este suceso en mi vida. Del accidente, mi copiloto y yo salimos ilesos, me di cuenta así de que mi vida es un regalo, llamémoslo de Dios, llamémoslo del destino o como sea. Es horrible sentir que tu vida ya no está en tus manos, pues la máquina que manejas ya no está bajo tu control. Me cuestioné sobre cómo habría sido la vida de mi círculo social si yo hubiera muerto, pensé en el día del accidente y lo que había hecho: conviví con mi familia por la mañana, descansé por la tarde, le llevé flores a mi novia, y vi muchos goles junto a mis mejores amigos. De haber sido otro el resultado del accidente, podría decirse que me habría ido en paz con casi todo el mundo. Ese casi no dejaba mi mente, por lo que me propuse arreglar las diferencias con todos aquellos con quienes pudiera tenerlas, para así estar tranquilo. Me queda claro que nunca sabemos cuándo puede terminar nuestra vida.

A ti, que estás leyendo esto, te invito a reflexionar sobre la posibilidad de que estos accidentes te ocurran. Normalmente pensamos que, porque manejamos muy bien, no somos candidatos a que esto nos suceda, sin embargo la realidad es otra. Por desgracia, el ser humano es así, necesitamos vivir los hechos en carne propia para hacer un cambio.

Si te toca ver un accidente automovilístico, no seas como las personas que me gritaban insultos, porque de verdad que no sirven de nada. Si tienes la oportunidad de ser como las personas que se bajaron a ayudarme o como el señor que alumbraba a los coches que venían por la avenida, hazlo. No tienes idea de cómo marcarás la vida de la persona que ayudes. Por otro lado, si te sucede a ti, no seas como yo y desconfíes de los oficiales de tránsito, no todos son malos, ni todos buscan mordida o perjudicarte. Por último, de ahora en adelante no seamos como el conductor de la camioneta roja; seamos prudentes, usemos nuestras direccionales, manejemos con cuidado y a velocidad moderada. Cuidémonos y cuidemos a los demás. Nadie está exento de estos accidentes automovilísticos, ni porque somos muy jóvenes, ni porque tengamos mucha experiencia manejando.

Tuve la fortuna de salir completamente ileso del accidente, y siento que mi responsabilidad es compartir esta reflexión con los demás, espero le sirva a alguien.

Valora tu vida y la de los demás.

Gustavo Ayala

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