19 septiembre 2018

Terror en el asiento trasero

María Elena Cervera Jiménez

A continuación les contaré una de las experiencias más fuertes, negativamente hablando, que me ha tocado vivir. Para darles un poco de contexto, el semestre pasado de este mismo año 2018, yo solía viajar mucho en Uber, un servicio de transporte privado y, según dicen los demás… muy seguro.

En mi experiencia de año y medio utilizando esta aplicación, en Monterrey, puedo decir que la experiencia del viaje depende mucho del conductor. Me ha tocado convivir con todo tipo de conductores: amables, serviciales, simpáticos, malhumorados; en fin, de todo. Sin embargo, debo decirles también que varias veces viví ocasiones en las que, viajando yo sola, los conductores de Uber me hacían muchas preguntas personales o me daban algún cumplido físico, con lo cual me sentía muy incómoda. Lamentablemente, me acostumbré a que algunos conductores fueran así y con el paso del tiempo le resté importancia, hasta que un día aprendí de mala forma lo importante que es cuidarte y tratar de viajar lo más seguro posible, pues además de mujeres, esto puede sucederle a hombres también.

Lo que les diré a ahora no es para generar un tipo de resentimiento ni menospreciar a la empresa antes mencionada, pues esto solo demuestra la conducta y actitud de una sola persona; y lo comunico además con el fin de alertar, especialmente a estudiantes, que siempre cuando viajen solos avisen a alguien de confianza hacia dónde van o traten de viajar acompañados. Pues bien, esto fue lo que me sucedió…

Un día cualquiera entre semana del semestre otoño 2018, salí de clases a las 5:30 p.m., una hora común, de día, aparentemente sin riesgos, y pedí un viaje de Uber para ir a mi casa, la cual queda a unos 7 minutos, nada lejos. El auto llegó y cuando me subí y cerré la puerta, el conductor inició el viaje, como ya se han de imaginar, haciéndome preguntas personales… ¿cuántos años tienes? ¿en qué semestre vas? ¿qué carrera cursas? Qué bonitos ojos tienes, se nota que estudias una carrera así… Me sentí muy incómoda con esto, ya que, el conductor me veía por el retrovisor la mayor parte del tiempo y me sonreía, mencionando que era un señor de unos 50 años.

Antes de una Y ( es decir, dos caminos opuestos) para ir a mi casa, el conductor decidió irse por el camino equivocado, a pesar de que yo le indiqué por dónde tenía que manejar, para posteriormente cancelar el viaje, apagar su celular y guardarlo en la bolsa de su pantalón. Para no hacerles la historia larga, no me pasó nada ya que, supe lidiar con la situación. ¿Y cómo? A pesar de que no había nadie en mi casa, le marqué a mi hermana y fingí que ella estaba ahí. De esa manera, el conductor empezó a bajarle a sus preguntas hasta que llegué a mi casa sana y salva. Este problema, aunque no lo crean, es algo que lamentablemente ocurre todos los días, y aún más lamentable, no todos los que son víctimas de esto salen libres o con suerte del intento de abuso. Espero reflexionen sobre los peligros que existen fuera y eviten transportarse solos durante su trayecto a algún lugar.

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