8 marzo 2018

Nunca es tarde

Balbina Leal García

¿Por qué tardaste tanto en denunciar?, es una de las preguntas que se les hace a las víctimas de abuso y acoso sexual, una vez que después de tanto darle vueltas en su cabeza, deciden levantar la voz. Dentro de la lógica, cualquiera consideraría absurdo tardar tanto tiempo en denunciar un delito de tal grado cuando recién pasa, pero si logramos generar empatía, la respuesta es muy sencilla. Imagina por un segundo que eres víctima de un abuso y cuando aún no puedes ni hacer sentido de lo que pasó, ya está un agente policiaco preguntándote de la manera más insensata cómo estabas vestida, si estabas bebiendo o si tú le diste entrada para que sucediera lo que sucedió. En todo abuso y acoso sexual, hay una clara posición de poder del abusador sobre la víctima, lo cual provoca intimidación en la misma y se convierte en otra de las múltiples razones que desacelera el proceso de denuncia.

De acuerdo con el INEGI, en México 10 de cada mil denuncias de abuso sexual proceden y castigan al delincuente. ¿Valdrá la pena denunciar? ¿Qué van a decir de mí? ¿Si hablo, me van a creer? Tal vez es mejor enterrarlo en la memoria. Tenemos que entender que traer a la luz una declaración de abuso sexual implica un paso muy grande, a nivel psicológico, social y legal. Tener que aceptarse después es una lucha constante con la mente que intenta justificar o reprimir los hechos de una vez por todas. Una vez negada la represión, toca aceptarlo frente al mundo. También puedo imaginar la vergüenza y el miedo tan grande que pudiera sentir una víctima al tener que narrar los momentos más dolorosos frente a sus padres, abuelos, tíos, amigos y colegas. Tener que defenderse de las autoridades para probar que no hiciste nada para merecerlo, y a la vez ser tratada como si fueras una puerta sin seguro, un cajón sin llave o un carro sin alarma.

¿Quién está realmente preparado para enfrentar tal cosa? Ni la víctima, ni la familia, y definitivamente, tampoco las autoridades. Nos falta empatía, nos sobra juicio.

Una cosa te aseguro, la víctima tiene razones suficientes como para demorar la denuncia y llevarla a su paso, si es que decide hacerla. Por fortuna, cada vez más personas están levantando la voz e inspirando a muchas otras a hacer lo mismo.

Querido lector, en verdad espero que hayas comprendido de mis palabras tan vagas, un poco de lo que está pasando por la mente de una víctima de abuso sexual y reconsideres el juicio y la falsa lógica de la pronta denuncia, para que así seamos agentes de cambio y apoyo incondicional para los que sufren. A ti, víctima silenciosa o ti lector con ganas de hacer un cambio, te recuerdo una cosa: nunca es demasiado tarde.

 

 
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