12 Nov 2019

Manos que no descansan: las Patronas y su labor con los migrantes

Zaida Carolina Martínez Arreola

Desde 1994, este grupo de mujeres voluntarias dan alimentos y asistencia a los migrantes centroamericanos que pasan por Veracruz en las vías del tren conocido como “La Bestia”, en donde los migrantes tienden a tender la mano para recibir los víveres en su paso por esta región del país.

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En el marco del Diplomado en Derechos Humanos Grupos en situación de vulnerabilidad, realizado por Acción Cívica Interuniversitaria (ACI), en colaboración con La Red Universitaria de Promoción de Derechos Humanos Capítulo UDEM y la Comisión Estatal de Derechos Humanos Nuevo León (CEDH), se llevó a cabo una conferencia sobre el trabajo del grupo Las Patronas, impartida por una de sus fundadoras, Norma Romero.

Las Patronas deben su nombre homónimo a la comunidad que pertenecen, llamada La Patrona, ubicada en Guadalupe, La Patrona, en el municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz. Desde 1994, este grupo de mujeres voluntarias dan alimentos y asistencia a los migrantes centroamericanos que pasan por Veracruz en las vías del tren conocido como “La Bestia”, en donde los migrantes tienden a tender la mano para recibir los víveres en su paso por esta región del país.

Norma Romero y su madre Leonila Vázquez comenzaron con estas acciones al momento en que regresaban de la tienda con pan y leche y vieron el paso de “La Bestia”. En un acto de fugacidad, los migrantes les pedían lo que llevaban en mano y no dudaron en dárselas. Norma menciona que ella no sabía de dónde venían ni mucho menos quiénes eran, pero lo que sí notó es que hablaban distinto. Cuando un día paró el tren, conocieron las razones de los migrantes para viajar en el tren en búsqueda del sueño americano.

La Agencia Informativa UDEM tuvo la oportunidad de realizar una entrevista con Norma, en la cual se aborda el imaginario de la migración, las dificultades de su trabajo y lo que representa el trayecto en La Bestia.

Para ustedes ¿qué es ser una persona migrante?

 Lo primero que pensamos cuando vimos a estas personas fue ¿quiénes son?, ¿por qué viajan ahí?, ¿por qué no vienen en autobús? y ¿por qué piden comida? Uno nunca imagina lo que están viviendo, de lo que están huyendo. Entonces cuando  tú te pones a pensar ¿quién desearía viajar de esa forma? cuando hay forma de viajar sin necesidad de arriesgar la vida, porque el ir en un tren es arriesgar tu vida. Eso lo vemos todos los días que pasan los trenes y no solamente los hombres sino las mujeres también, ¿por qué viajar en esas condiciones?, ¿por qué exponer su vida y por qué arriesgarlo todo?, ¿por qué dejarlo todo? Realmente dejan todo, no traen nada más que un cambio de ropa, sin saber que va a pasar por sus vidas porque el camino que toman es un camino incierto, es un camino donde no sabes si lo vas a lograr, pueden perder la vida en el tren o pueden no perderla, en un secuestro en una desaparición forzada, es incierto.

¿Cuáles son las principales necesidades que tienen estas personas?

Las principales necesidades son que ellos necesitan alimentación básica, agua para poder sobrevivir, necesitan ropa y un calzado para poder protegerse, para poder seguir caminando  porque desgastan mucho sus zapatos, pero sobre todo les falta mucha atención y cariño. Cuando yo platico con ellos, en cada uno de esos jóvenes veo a mi hijo y digo “este es un hijo más que llega a mi casa”, y me duele mucho que tenga que caminar en esas condiciones. Le digo: “hijo, no camines así, deja que te ayuden, deja que te eche la mano, pero no te vayas así porque estás muy jóven para seguir así tu vida, tú no sabes lo que va a pasar”. Cuando ellos se van, nos quedamos con el sentimiento de “cuídalo Dios mío, ayúdalo a que haya gente que les dé la mano” porque uno sabe que en un momento de violencia la gente les dice “pues vente acá” porque lamentablemente están expuestos al peligro, y pues hay gente que no se quita ese estigma que causa mucho miedo sobre el migrante, y no debería ser así, el migrante también te tiene miedo porque no te conoce y dicen, a lo mejor voy a llegar con alguien malo o me va a entregar o secuestrar, entonces saben y tienen miedo también. Este miedo es algo que nos quieren meter para poder dejarlos solos, no ayudar, yo creo que esa es una forma también de violentar, diciendo “no ayudes a esta gente porque te van a hacer daño”, la xenofobia es algo que vemos, la caravana me dio mucha tristeza, que mi pueblo, mi país haya reaccionado así no es posible. Hablábamos mal de Estados Unidos y nosotros también tenemos ese lado oscuro, ese problema de discriminación hacia las personas sin conocerlos. Por ejemplo, se ha hablado mucho del tema de los migrantes en Tijuana, y pienso, si yo estuviera en Tijuana, con mi familia, sin derecho a una atención médica, alimentación, salubridad u otras cosas necesarias que otras personas tienen, yo estaría muy mal, estaría en condiciones deplorables, o sea, ¿por qué hay tanta injusticia?, ¿por qué me hace esto si yo no le estoy haciendo nada?, ¿por qué no me tiende la mano si yo soy igual que él? Yo me sentiría de esa forma porque sólo vemos el lado malo y no nos ponemos a pensar si tú estuvieras en esa misma condición,  te gustaría que alguien llegara y te dijera “hermana ¿quieres bañarte?, ¿quieres comer?” Eso le cambiaría la perspectiva a las personas. Pero no entiendo, yo siempre he dicho que a los migrantes cuando pasan por Veracruz hay que darles de comer, no les puedo decir que se queden ahí tirados, no se les debe tratar como un perro, son seres humanos, por eso les decimos “ven hermano, siéntate en mi mesa donde yo como, ahí vas a comer tú” y ellos mismos cuando se van dicen “¡ay, no quisiéramos irnos! porque nos trataron como familia”. Y es que sí somos familia, no hay diferencias, y también me dicen “me voy pero quisiera quedarme con ustedes, pero mi sueño es ir a Estados Unidos” y le digo “si tú tienes un sueño y crees en Dios, él te va a ayudar, pero siempre y cuando hagas la voluntad de él. Y ¿qué es la voluntad de él? es hacer el bien, no esperes que te paguen nada.

¿Para usted qué representa “La Bestia”?

Antes para mí era un tren de carga que transportaba mercancía, pero no le veía yo la maldad, no veía eso en mi juventud. Cuando empecé a ver, me di cuenta de que le pusieron “Bestia” pero no se trata del tren, sino del ser humano que va ahí, el que la maneja, y le dicen “La Bestia” porque hay maldad. En el tren no solo llevan mercancía, también se pueden subir las personas y pueden viajar de una forma legal, porque se suben sin ningún problema, pero yo creo que el término está mal dicho, ¿no? Porque no es el tren de carga, es el ser humano que lo conduce, porque esa persona que va ahí no está siendo justa, no está haciendo conciencia de que esas personas que van sobre el tren son como tu familia, hijos, hermanos o tus nietos, que Dios quiera algún día no tengan que emigrar. Entonces pienso yo que “La Bestia” no es solamente un tren de carga, es un tren que lleva vidas de personas que no saben a dónde van a parar, y le llaman así porque ha matado mucha gente, precisamente porque el cansancio es muy fuerte, es tanta su debilidad… mira, hace poco que pasaron las caravanas, no te imaginas cuánto tiempo tenían caminando, venían con unos nervios… el de Comisión de Derechos Humanos me decía: “hermana, échame la mano, fíjate que la gente no ha comido” y claro que contaban conmigo. Esa gente estaba nerviosa porque no habían probado alimento, estaban acelerados porque les estaba faltando alimentación y cuando llegamos y les dimos de comer ese rostro se transformó a alegría, y decían “Padre, gracias por darnos de comer” pero yo me preocupaba por los bebés, los chiquitos, ¿cómo no van a chillar?, ¿cómo le van a hacer si esos niños no tienen comida? Les falta la leche, le falta su aseo personal, su bañito, su talqueada… y no llevan nada más  que un pañal que quién sabe cuántos días tiene. O sea, imagínate tú que cuando nosotros llegábamos se nos quebraba el corazón, y no podíamos creer lo que estábamos viendo. Ahí es cuando dices ¿dónde están las Iglesias cuando hablamos de amor al prójimo?, ¿dónde estuvieron? Porque nosotros andamos con mucho coraje, y digo ¿cómo podemos decir que nuestra religión es buena?, ¿dónde está? Tú le puedes salvar la vida a una persona con solo darle un plato de comida, y las Iglesias no lo hicieron, y hablan del buen samaritano… aunque no puedas hospedar a los migrantes, sí puedes buscar un lugar donde se puedan quedar, donde les den alimento y se puedan bañar. Le estás salvando la vida a las personas y no veo que se esté haciendo mucho, porque todo mundo lo que hizo fue subir cristales y no verle la cara a las personas. Híjole, que no digan después: “Señor, ¿dónde estabas?, ¿por qué no te vi?” Y mira, Dios diría “no me viste porque yo estaba en el más pobre, y no quisiste verme… porque la oportunidad te la di, pero no la quisiste ver”. Entonces es aprender a descubrir a Dios a través de los hermanos. Yo veo lo de Siria y ¡Ay, no! empiezo a chillar… lo de África, y le digo a Dios “perdóname por tanta maldad”, es mucha la maldad que tenemos y es muy poco lo que estamos haciendo. Necesitamos ayuda, tenemos que apoyarnos, no estamos cerca de la gente que está en esos países, pero ayudemos. Les estás salvando la vida con el solo hecho de decir “ahí te va”, sin ellos nosotros no avanzariamos, somos una gran familia somos un gran equipo: migrantes, Patronas, voluntarios, personas que ayudan; es una red muy grande y la verdad a nosotros nos sorprende cómo la gente se ha ido sumando y cómo vamos caminando juntos, porque lamentablemente muchas personas quieren hacer negocio con esto y no se trata de eso.

Claro, siempre hay quien quiere lucrar con las causas… arriba de “La Bestia” ¿los migrantes enfrentan complicaciones de violencia?

Sí…son bandas que se dedican a asaltarlos, y les dicen “si pagas, ya sigues tu camino, si no pagas pues te vas al…” y esos son los que aventaron del tren, que gracias a Dios no se los tragaba el tren, porque cuando el tren va en movimiento pos’ hay como una especie de aire que los jala. Muchos de ellos, gracias a Dios, lograron salvarse, sí, no pasaron de los golpes en la cabeza, en el cuerpo, pero de ahí en fuera, si sabes volar, pos’ órale, a volar se ha dicho. Entonces, es bien triste eso, tenemos muchas cosas que hay que hacer, mucho trabajo que realizar todavía en la juventud.

Y, por ejemplo, ¿cuáles son las principales expresiones que ustedes escuchan? a mi me llama la atención que se refieren a ustedes como “madres, madre, un pan, un agua, un taco”. Desde que comenzaron con este proyecto hasta ahora, ¿qué es lo que más han escuchado?

Fíjate que yo creo que es el que nos vean, el verles y decirles “mijo, ¿cómo te fue en el viaje, tuviste algún problema, te asaltaron?” Eso. Sin saber les decimos: “mijo, ¿cómo te fue en el camino, qué te pasó, tuviste algún problema?” Porque yo les he dicho: “yo no soy religiosa, yo soy una laica comprometida con Dios, voy a seguir la misión que Dios me encomendó, pero no soy una religiosa, y me dice “no, para mí usted es una madre, es como una madre”. Por ejemplo, a las más jóvenes les dicen tías, a mi madre le dicen abuela “oye abuela, pues ya nos vamos a ir, danos la bendición” y luego les dice mi mamá “sí mijo, cuidate mucho y comunícate” y, de hecho, hay algunos que están en Estados Unidos, y luego llaman “quiero saludar a mi abuela”. Mijo, pos órale,  a ver, te paso, y a mi mamá le da gusto, “se acuerda abuela, era yo, quien sabe qué, se acuerda que yo estaba…”, “¡ay sí!, ¿a poco? ¿cómo estás mijo?”. Esa alegría… a pesar de todo, nos recuerdan con cariño.

¿Y se siguen comunicando?

Se siguen comunicando, por lo menos en ese aspecto se sembró la semillita, y se quedó ahí y ahí está.

Y usted cree que, por ejemplo, las personas que sufren complicaciones de violencia, asalto, etcétera… ¿es lo mismo para personas mayores, mujeres, hombres, niños menores a 18 años, o es diferente? Por ejemplo, en el tema de mujeres, ¿se complica más la situación o no?

Pues mira, nosotros tratamos igual de la misma forma, no hacemos diferencia, claro, el hombre es como más confiado, como que es más dócil, con la mujer es un poco más complicado cuando vienen en parejas. Pienso yo que los hombres a veces son personas que nos miran así como con respeto, y luego les decimos: “llama a tu esposa, vamos a platicar”, una vez que ya nos están conociendo nos agarran confianza, pero ya como que se les quita ese pensamiento que tanto les vienen diciendo de  “ya me quieren quitar al marido”… y tienen razón porque pues salieron juntos, y pues hay maridos que la verdad se pierden en el camino pero yo les he dicho “miren, nosotros lo único que hacemos aquí es ayudarlos, y hacerlos sentir en familia y queremos hacerles esta reflexión, y si ustedes quieren caminar juntos y siguen juntos, la vida va les va a regalar ese don maravilloso de vivir en unión, pero sobre todo que siempre tengan presente a Dios en sus vidas” porque de lo contrario esto va de pique.

 Y allá arriba del tren, ¿las condiciones son las mismas?

Sí, siguen siendo las mismas para todos, ahí no distinguen. Imagínate esa madre que viene con su niño, que Dios no lo quiera, la agarra cualquier hombre, se la lleva o la prostituye. ¿A dónde van a parar esos niños? Sí es muy preocupante, pero bueno, vamos ahí y esperemos en Dios que toque los corazones de esas personas.

¿Cuál es la principal motivación para continuar trabajando en apoyo a los migrantes centroamericanos?

Yo creo que trabajando con mis compañeras, vamos a seguir mientras esté la migración, porque la migración no creo que llegue a parar. Ahorita nos están queriendo ver la cara, los militares, ellos lo tienen bien claro, de que vamos a dejar pasar a alguien vamos a dejar pasar a alguien, pero nos están queriendo engañar, nos están queriendo vender eso de que… lamentablemente, todavía tienen mucha fuerza en este país, con este presidente, me da mucha tristeza, porque se llenó la boca diciendo cosas de los anteriores gobiernos y hoy es un títere, o sea, ¿para qué habla? es lo mismo, si vas a hablar fíjate lo que vas a hablar, las cosas no son lo que parecen. No están claras las cosas, se supone que se llegó a un acuerdo con López Obrador sobre la migración centroamericana pero, no se están haciendo las cosas como se deben, ese no era el plan, yo me imaginaba un plan mejor, donde vamos a buscar la forma de ayudar, ver la forma de hablar con esos países centroamericanos, buscar una solución a sus problemas. Militarizar las fronteras no fue un buen plan porque realmente quien sigue pagando la consecuencia es el migrante, entonces ¿en qué los ayudó? o ¿qué fue la ayuda? Nadie ayudó. Yo no confío en los gobiernos, pero espero que la gente cambie su forma de ser, porque mucha gente creyó en la famosa cuarta transformación.

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