13 Feb 2015

La Licuadora de Carreras

María José González y César Augusto Cantú

Bate que bate.

 

¿Qué sale cuando agarras 32 computadoras Mac, varios programas especializados en diseño y un montón de estudiantes de Arte, Arquitectura y Diseño y luego lo mezclas todo en una misma habitación?

El producto es el Laboratorio de Diseño Digital de la UDEM, pero también algo más. Fuimos hasta el laboratorio en busca de Alfonso “Poncho” Guevara, profesor de la Licenciatura en Artes, para que nos hablara de ese elusivo algo.

Poncho está sentado al fondo del laboratorio. Resalta por una camiseta amarilla, el cabello a rape y la manera en la que sus anteojos reflejan la luz de los colosales monitores marca Apple. Hay un grupo pequeño de alumnos a su alrededor. Lo escuchan hablar del amor visto a través de la biología, la psicología, la sociología y las artes plásticas. Suena una mezcla de dos o tres canciones y barullo moderado.

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—El estudiante de diseño es más inquieto —dice Poncho cuando llegamos hasta su asiento—, necesita más estímulos.

En el laboratorio, nos explica, los alumnos aprenden a utilizar Illustrator, Flash, Photoshop, Premiere y otros programas de edición, diseño e ilustración. Suelen desarrollar y pulir sus habilidades en clase, pero si el salón no se ocupa o hay macs libres durante una sesión, pueden pasar y dedicarle un rato a la práctica.

Los programas son útiles para varias disciplinas de arte y diseño, así que no es raro ver estudiantes de diversas carreras llevando una misma clase. Esto se presta para armar perfiles de cada carrera y compararlos.

—El arquitecto es muy callado, muy introspectivo, muy reflexivo —dice Poncho mirando el laboratorio medio vacío—; podría decirse que es más serio, formal, en su proceso y en su quehacer. Los de artes siempre están echando relajo, por así decirlo. Se juntan dos, tres y se ponen a ver lo que están haciendo, se ponen a compartirse imágenes que andan viendo, de portafolios de Juxtapost o de otros blogs. Los de diseño… son como un punto intermedio. Sí son un poco ruidosos y sí son más formales que los de artes.

Tanta diversidad convierte al laboratorio en un espacio de interacción entre alumnos con distintas perspectivas sobre las artes gráficas, el diseño y el manejo de la imagen en general. Los de Modas pueden hablar de texturas con los de Diseño Industrial, los de Artes mostrar churros audiovisuales a los de Cine, los de Comunicación llevar una carpeta llena de posters publicitarios muy interesantes para los de Diseño Gráfico.

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Claro, no siempre es así. Como dice Poncho, el laboratorio no está diseñado para una plática grupal. Cada quien está concentrado en su compu y sólo puede hablar cómodamente con quien se siente a su lado, y no siempre hay ganas de conversar, y menos de intercambiar perspectivas. Pero cuando sí sucede, surgen ideas interesantes.

El Laboratorio de Diseño Digital es una licuadora que mezcla personalidades y puntos de vista muy distintos. Lo que salga de ahí depende en gran parte de la disposición y creatividad de los alumnos.

***

PD: Antes de irnos, Poncho repasó varios puntos interesantes sobre lugares abiertos y menos formales en los que los alumnos puedan intercambiar ideas. Chequen el audio.

 

 

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