11 Feb 2011

Exposición de fotografía y objetos personales

Opinión de Juan Manuel González F. / Agencia Informativa UDEM

Conocí a Gherardo Garza Fausti hace más de diez años, cuando rodé algunas escenas de «Noche de Bienvenida» en las instalaciones de la Sociedad Italo-Mexicana Dante Alighieri, donde él colaboraba por su amor a todas las cosas italianas.

Meses después ya era parte del primer comité de selección de películas del primer Festival Internacional de Cine y Video Voladero, en el año 2000.En esta función nos ayudó en repetidas ocasiones, le gustaba muchísimo y claramente se veía en su rostro la emoción que le daba recibir en su casa una caja con cien películas de países distintos.En el 2001, participó como jurado de premiación al lado de Carlos Bolado y Pepe Bojórquez, y de ahí en delante siempre fue un fiel soporte de nuestros esfuerzos de promoción cinematográfica.

Desafortunadamente, la función se terminó temprano para Gherardo y en nuestra época no hay permanencia voluntaria, porque de así serlo, seguro seguiría con nosotros viendo y haciendo cine. ¿Por qué es importante que se haga un homenaje a Gherardo Garza Fausti? Como cineasta y como director del Festival Internacional de Cine de Monterrey, parto del mismo punto.

De la creencia fiel de que el cine es vital para el auto conocimiento de un pueblo.Es el único espejo colectivo en el que puede verse reflejada una sociedad con todas sus particularidades. Y desde esta óptica, no puedo más que manifestar admiración y rendir tributo al trabajo de Gherardo.

Desafortunadamente esta visión del cine no tiene gran difusión.En muy pocas instituciones de nuestro país se entiende que las manifestaciones cinematográficas locales son de un valor imponderable en el afianzamiento de una cultura y los cambios de rumbo que pueda tomar.

Porque el cine, según la encuesta nacional de cultura del 2010, es el producto cultural más visto en nuestro país, muy por encima del teatro y la música, no se diga la danza.Esta penetración envidiable en las conciencias de una nación es muy importante. Los franceses y los norteamericanos lo tienen muy claro.

Por eso se pelean las pantallas en Francia. A los compatriotas de Godard les resulta natural pensar que el cine propio tiene gran importancia, que les permite oir y deleitarse en su lengua, les permite afianzar sus valores, cuestionar sus problemas, y vislumbrar su futuro.Los norteamericanos hacen exactamente lo mismo y además lo comparten amablemente con el mundo. Pero hacer cine es una empresa muy difícil y salvo contados casos, como el de Gherardo, se ha realizado muy poco de manera independiente en México.

No sólo por los altísimos costos que conlleva la producción cinematográfica (y Gherardo salvo su último proyecto siempre trabajó en celuloide), sino porque es la suma de muchas artes, que conjuga múltiples talentos y demanda distintas habilidades artísticas y técnicas. Por esto también la cantidad de producción independiente de cine es muy inferior a la de teatro, danza o música, y en los municipios de nuestro país que tengan la fortuna de contar con áreas de cultura seguro se piensa primero en tener un ballet folclórico, en montar una obra de teatro o fomentar un grupo de música antes que en hacer una película.

Que se haga cine es en sí mismo un logro, sin juzgar cómo o sobre qué se haga, pero, si encima el cine dice algo que resulta valioso para su público, entonces tiene una importancia aún mayor El cine que realizó Gherardo Garza Fausti en los años sesenta y setenta tiene una importancia histórica, no sólo porque nos permite viajar en el tiempo y ver un Monterrey que ya no existe, sino por su lenguaje cinematográfico que sin disculpas ser acerca a la experimentación fílmica para contar historias de jóvenes atormentados por los dilemas propios de su ciudad y su tiempo.

Gheardo fue un cineasta prolífico. Su filmografía incluye títulos como Tensión, La Cosa, Fantasía y Variaciones, Selaginela, Rubber Soul, la Bola, Cristo en Blue Jeans, Tiempo de encuentros, Obsesión de amor, y Entre dos mundos, el primer largometraje independiente realizado en Monterrey. También incluye muchos proyectos inconclusos, como Paradigma, de la que rodó 1500 pies de película, sólo 300 menos que en Rubber Soul, que tiene una duración de cerca de 35 minutos. En su trabajo claramente se puede ver que era un joven en sintonía con su época, en contacto con los conflictos que los jóvenes como él tenían que enfrentar cada día.

Casi todas sus películas narran historias de muchachos confundidos, ansiosos de recibir las maravillas que promete la vida y al mismo tiempo terrible mente decepcionados de darse cuenta que la realidad no cumple sus promesas. Amor, sexualidad, camaradería, confusión, angustia, ansia de libertad y encuentro con la muerte son temas recurrentes en el cine de Garza Fausti, como queda muy claro en Selaginela y Rubber Soul.

Es importante no dejar por un lado el hecho de que el lenguaje cinematográfico de Garza Fausti fue el más experimental y vanguardista de los utilizados por los cineastas de su generación, claramente en deuda con la nueva ola del cine francés y el neorrealismo italiano. Quedaba claro que su cine pretendía romper también a través de la forma, los rígidos estándares morales y culturales de la sociedad regiomontana en la que Gherardo maduró de joven para convertirse en adulto. Sólo su trabajo cinematográfico hubiera sido suficiente para rendirle este tributo, pero también tenemos que hacer hincapié en que fue un imparable promotor de la cultura cinematográfica.

Tras su formación profesional en cine, realizada en Italia, regresó a Monterrey y comenzó uno de los esfuerzos más constantes por promover el cine en nuestra ciudad. Fundó cuatro cine clubes, escribió crítica y divulgación en diversos suplementos culturales, participó como comentador y conductor en programas televisivos de cine prácticamente en todos los canales de Monterrey. Y por si fuera poco fundó el taller de producción cinematográfica de la Universidad Regiomontana, del cual se desprendió la fundación de su Licenciatura en Ciencias de la Comunicación.

Fue precisamente aquí en Plaza Fátima donde durante incontables sábados presentó a su fiel público las maravillas del cine en su cineclub Federico Fellini, ahora apropiadamente renombrado para honrarle.

Siempre comentadas, siempre discutidas con el público, las películas se convertían en mucho más que entretenimiento para sus espectadores. Mario Montenegro escribío en el Porcvenir tras la desaparición de Gherardo: «Quizá la principal virtud del cineclub de Garza Fausti fue señalar con crudeza la hipocresía con que los seres humanos solemos manifestarnos en el orden del sistema social que nos hemos creado, orden que, extraña y paradójicamente, siempre ha dado fórmulas para construir la felicidad.» (El Porvenir, 19 de Junio de 2007) Lo más interesante de esta cita es que no sólo refleja el trabajo que realizó toda su vida para llevar el evangelio del cine a los que no lo conocían, sino que también describe claramente lo que expresaba en sus películas, haciendo transparente la coherencia entre su hacer y decir.

Es muy importante que se hagan esfuerzos para rescatar y preservar adecuadamente el trabajo de Gherardo Garza Fausti y el de todos los cineastas de nuestro estado. Es necesario que se reúnan los fondos y se echen a andar los proyectos para restaurar sus películas y lograr que las nuevas generaciones descubran cómo un jóven veía su Monterrey hace cuarenta o cincuenta años.

Este homenaje sería un acto terriblemente irrisorio, si en algunos años no hubiese manera de ver Rubber Soul o cualquiera de sus otras películas. No podemos dejar que más obras de nuestro legado fílmico desaparezcan para siempre. Ahora que han pasado más de tres años de su partida, estamos reunidos en este tributo que le brindamos al gran Gherardo.

Grande en su generosidad por compartir millones de fotogramas con nosotros, pero más grande en su legado cinematográfico, donde nos demuestra una vez más por qué es indispensable que se haga cine en cada rincón de México, por que sólo así recordaremos cómo fuimos ayer, podremos ver cómo somos hoy, y marcar el camino para cómo vamos a ser mañana. En nuestro cine está el nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

Fecha de publicación: 11 de febrero de 2011

 

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